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lunes, julio 21, 2014

UN SILENCIO INDECENTE

No es la primera vez que coinciden dos tragedias enormes, ni  tampoco es la primera vez en que las reacciones ante las mismas sean tan dispares. Pero hay cosas a las que uno no puede llegar a acostumbrarse. La primera es  el asesinato criminal de casi trescientas personas, las que viajaban en el avión de Malasia abatido por un misil cuando volaba sobre el este de Ucrania. Una zona en guerra sobre la que razonablemente no debería pasar ninguna ruta. Pero más allá de los errores de apreciación de controladores, responsables internacionales de aviación o la misma compañía, lo gravísimo fue el derribo en sí, atribuido por casi todos a los rebeldes prorrusos de esa zona de Ucrania.Ese acto criminal golpeó durísimamente a cientos de familias en varios países del mundo, la mayoría en Holanda, y desató una oleada de reacciones, desde el horror ante lo ocurrido a la presumible ansia de venganza. Pero más allá del terrible dolor de las familias, hay una cascada de reacciones políticas que van mucho más allá de la condena del crimen y que buscan ventajas geopolíticas inconfesables. Si lamentable es la cerrazón de los rebeldes, poniendo trabas a la recogida de cadáveres y de las pruebas del crimen, igual lo es la del gobierno de Kiev que monta todo el ruido posible para desacreditar a los alzados en armas aprovechándose, sin escrúpulo alguno de la tragedia y la tregua siguiente para ganar posiciones en la guerra.Si condenable es la actitud de Putin por su apoyo a los rebeldes ucranianos, a su altura quedan algunos líderes occidentales, entre ellos Obama y Cameron, aprovechando la coyuntura para aislar aún más al presidente ruso. Pero lo que definitivamente llama la atención es la reacción mundial unánime contra el derribo del avión, mientras esa misma opinión mundial, y no digamos ya sus líderes, guardan un silencio indecente o piden tímidamente contención, ante lo que está ocurriendo en Gaza.
Con más de quinientos muertos, en apenas doce días, lo más que hemos oído es una vergonzante declaración del Consejo de Seguridad de la ONU pidiendo un alto el fuego, o unas declaraciones de Obama llamando al diálogo junto a su comprensión por las razones de seguridad de Israel que han llevado al gobierno de Netanyahu a poner en marcha la actual acción de castigo contra Gaza.







Ya ni las atroces imágenes que nos llegan de Gaza parecen conmovernos. Desde luego no a los líderes mundiales, la mayoría de ellos callados no vayan a ofender al gobierno israelí. Pero lo que ocurre en Gaza es una vergüenza para todos, y no hay justificación posible para esos ya más de quinientos muertos, 18 de ellos israelíes y el resto palestinos, la  gran mayoría civiles.Todos son víctimas. No hay que buscarles diferencias. Pero si que las hay a la hora de buscar responsables- Netanyahu y sus halcones, Hamás y sus dirigentes sin escrúpulos, Obama, Irán, y el silencio cómplice de los dirigentes mundiales. Un silencio que no puede ni debe insensibilizarnos ante las matanzas, aunque podamos hacer poco más que denunciarlas. Pero que no se nos olvide al menos eso.
Salud

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miércoles, febrero 10, 2010

SOMALIA: EL OLVIDO DE UNA TRAGEDIA

Hay unos conflictos armados de los que sólo nos acordamos cuando afectan a nuestros intereses, el resto del tiempo permanecen en el olvido mas absoluto. Y no solo para el común de los ciudadanos, sino también para los políticos y los organismos internacionales, aunque estos últimos, formalmente, tengan algún tipo de presencia allí. Es el caso de Somalia, de la que solo se habla cuando algún buque extranjero es atacado o secuestrado por los piratas que han encontrado ahí una fuente importantísima de financiación para ellos y para los señores de la guerra a los que sirven.
Somalia hoy no es ni la sombra de lo que fue. La guerra civil que, intermitentemente, y desde 1991, se vuelve más cruda, ha dejado el territorio dividido en varios territorios independientes de hecho y sometidos a su particular dictadorzuelo. Hay un gobierno de transición, teóricamente sostenido por la comunidad internacional y con tropas de la Organización para la Unidad Africana, que apenas se sostiene escondido en una parte de la capital, Mogadiscio. Como los secuestros y asesinatos impunes son moneda corriente no hay quien no cuente con detalle lo que realidad está pasando en ese país y solo nos llegan retazos de ese drama oculto que imaginamos de magnitud enorme.

Las última noticias que nos llegan aseguran que milicianos de Al-Shabab, una organización islamista radical vinculada con Al Qaida, han entrado en las últimas horas en la capital y amenazan con poner fin al tímido control del gobierno interino. Esta nueva ofensiva sorprende por la división que, según analistas internacionales, se había producido en las últimas semanas en la coalición rebelde, que, entre otras cosas, pretende imponer la ley islámica, Sharia, en su lectura más extremista. Y es que los dos grupos principales Al Shabab y Hizbul-Islam, este también fundamentalista, pero más moderado que el anterior, habían roto el acuerdo y ahora guerrean por su lado. Dividida o no la coalición rebelde lo cierto es que vuelven a poner contra las cuerdas al gobierno provisional y su hipotética victoria no augura precisamente que se imponga la paz; por el contrario, las divisiones entre los distintos señores de la guerra, la autoproclamada independencia de Somalilandia, en el norte, el descontrol en las fronteras, y la supuesta presencia de milicianos extranjeros conectados con Al Qaida hacen temer un enquistamiento del conflicto que pasaría a ser crónico. Un estado fallido, expresión de moda que no esconde el terrible drama de una población que ya no conoce otra situación que la de la guerra.
Lo que el drama somalí deja en evidencia, una vez más, es la impotencia internacional para establecer, aunque sea por la fuerza, la paz y auxiliar a unos ciudadanos carentes de los derechos mínimos, con dificultades para la supervivencia diaria y sometidos a todo tipo de atropellos. Nadie sabe el número de víctimas que acumula el conflicto, pero es razonable pensar que es muy elevado. Pero son víctimas que parecen no pesar en la conciencia del mundo. A nadie parece importarle.

Salud

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jueves, septiembre 17, 2009

HAMBRUNA

Entre los muchos daños colaterales de esta desdichada crisis ahora nos enteramos que los gobiernos, en su afán de recortar gastos, han incluido uno de los apartados en los que seguro no hay protestas. No se trata de subir impuestos, ni de volver a gravar el patrimonio, ni de ajustar las subidas salariales, ni de... No, han optado por recortar las ayudas a los organismos internacionales que se ocupan de ayudar a subsistir a cientos de millones de personas en todo el mundo. Denuncia la ONU que este año no le salen ni las cuentas mínimas, que para alimentar a más de cien millones de personas tenían presupuestado unos seis mil millones de dólares, pero que los gobiernos han optado por racanear y apenas han aportado 2.600. Estamos, denuncia el Programa Mundial de Alimentación, peor que hace veinte años.
La crisis golpea duro a los más débiles y a día de hoy hay MIL MILLONES de personas en el mundo al borde o sumergidos ya en la hambruna. Pasan hambre. De la de verdad. Y lo asombroso del asunto es que la solución solo costaría el uno por ciento de la pasta que se ha inyectado hasta ahora para salvar el sistema financiero. ¿Quién vale más?... Mejor no contesto.

Salud

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