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miércoles, diciembre 17, 2014

PROVOCANDO AL OSO RUSO

Hay quien dice que la Historia no es más que un conjunto de ciclos que se repiten, con ligeras variaciones. Algo de eso debe haber, pero la afirmación en sí parece exagerada. Aunque en el caso de Rusia, y sobre todo en lo que se refiere a sus crisis ciclicas, parece que tienen razón. Asistimos estos días a la que parece una caída libre  de la economía rusa, que puede llevar a la población de su país a un período más de estrecheces, penurias y vuelta al trapicheo para seguir sobreviviendo. Y es que los rusos si de algo saben, es de sobrevivir. Sin exagerar, lo cierto es que Rusia entra en una nueva fase de incertidumbre económica provocada por el desplome de los precios del petróleo, su principal fuente de ingresos, el corte del flujo financiero exterior provocado por las sanciones internacionales por su intromisión en Ucrania, su enorme esfuerzo de rearme de los últimos años, el derrumbe de su moneda, el rublo, y, probablemente, la incompetencia de sus responsables económicos.
Y es que estos días, los ciudadanos rusos se pasan el día intentando cambiar cada rublo que tienen en dólares o en euros, porque cada día que pasa su moneda vale mucho menos y las consecuencias son de sobra conocidas: sus salarios se vuelven minúsculos, la inflación se dispara, la especulación crece y de ahí al desabastecimiento y las estrecheces no hay más que un paso.
Las razones, como apuntábamos, son varias: la que más les afecta, de forma brutal, es la caída de los precios del petróleo. Un fenómeno mundial que tiene mucho que ver con la negativa de la OPEP a rebajar la producción, el que Estados Unidos inunde el mercado con su crudo extraído mediante el fracking, la contracción de la demanda tanto por Occidente como por los países emergentes. Una situación un tanto insólita que ha dejado en la mitad los ingresos del tesoro ruso.
Por otra parte no llega dinero de fuera a Rusia, es más muchos rusos están sacando todo lo que pueden. Es el resultado de las sanciones, refirmadas estos días por Obama, como castigo por la toma de Crimea y la intervención de Moscú en apoyo de los rebeldes pro-rusos del este de Ucrania.
Un aislamiento financiero internacional que Putin no ha logrado frenar, a pesar de su estrechamiento de relaciones con China e India. A esto hay que añadir un resurgimiento de la actividad terrorista, como el reciente atentado en Grozni que dejó más de diez muertos.
Si alguien cree que todo esto puede minar la popularidad de Putin  e incluso provocar su caída, creo que, una vez más cuando se trata de Rusia, se yerra el tiro.
No es Vladimir Putin alguien que se arredre ante las dificultades. Por el contrario, se crece y le da argumentos, la socorrida conspiración internacional, para llamar a la unidad interna y reforzar su control político. Seguramente va a tener las manos más libre que nunca para interferir en los asuntos de Ucrania, que tanta popularidad le ha dado, y mostrar al mundo que con Rusia no se juega.
Como apuntan desde algunos países nórdicos y desde las antiguas ex-repúblicas soviéticas del Báltico, hay preocupantes movimiento de la marina y la aviación rusa en la región. Una demostración de fuerza que se completa con un creciente rearme y puesta al día del arsenal nuclear.
Putin tiene además otras cartas que jugar para demostrar al mundo, y sobre todo a la Unión Europea, que no sale gratis provocar al oso ruso. Sigue teniendo la llave del sesenta por ciento del gas que llega a Europa y una simple orden suya puede dejar tiritando y contra las cuerdas a media Europa, incluida la poderosa y crecida Alemania.
Puede que alguien se esté equivocando en sus cálculos. Lo que sí está claro es que provocar al oso ruso no sale gratis y habrá que estar muy atentos a los próximos movimientos del Kremlin. Porque Rusia no es la Unión Soviética, pero ¿estamos seguros de que es más débil?. A lo mejor convendría no ponerla a prueba.
Salud

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lunes, julio 21, 2014

UN SILENCIO INDECENTE

No es la primera vez que coinciden dos tragedias enormes, ni  tampoco es la primera vez en que las reacciones ante las mismas sean tan dispares. Pero hay cosas a las que uno no puede llegar a acostumbrarse. La primera es  el asesinato criminal de casi trescientas personas, las que viajaban en el avión de Malasia abatido por un misil cuando volaba sobre el este de Ucrania. Una zona en guerra sobre la que razonablemente no debería pasar ninguna ruta. Pero más allá de los errores de apreciación de controladores, responsables internacionales de aviación o la misma compañía, lo gravísimo fue el derribo en sí, atribuido por casi todos a los rebeldes prorrusos de esa zona de Ucrania.Ese acto criminal golpeó durísimamente a cientos de familias en varios países del mundo, la mayoría en Holanda, y desató una oleada de reacciones, desde el horror ante lo ocurrido a la presumible ansia de venganza. Pero más allá del terrible dolor de las familias, hay una cascada de reacciones políticas que van mucho más allá de la condena del crimen y que buscan ventajas geopolíticas inconfesables. Si lamentable es la cerrazón de los rebeldes, poniendo trabas a la recogida de cadáveres y de las pruebas del crimen, igual lo es la del gobierno de Kiev que monta todo el ruido posible para desacreditar a los alzados en armas aprovechándose, sin escrúpulo alguno de la tragedia y la tregua siguiente para ganar posiciones en la guerra.Si condenable es la actitud de Putin por su apoyo a los rebeldes ucranianos, a su altura quedan algunos líderes occidentales, entre ellos Obama y Cameron, aprovechando la coyuntura para aislar aún más al presidente ruso. Pero lo que definitivamente llama la atención es la reacción mundial unánime contra el derribo del avión, mientras esa misma opinión mundial, y no digamos ya sus líderes, guardan un silencio indecente o piden tímidamente contención, ante lo que está ocurriendo en Gaza.
Con más de quinientos muertos, en apenas doce días, lo más que hemos oído es una vergonzante declaración del Consejo de Seguridad de la ONU pidiendo un alto el fuego, o unas declaraciones de Obama llamando al diálogo junto a su comprensión por las razones de seguridad de Israel que han llevado al gobierno de Netanyahu a poner en marcha la actual acción de castigo contra Gaza.







Ya ni las atroces imágenes que nos llegan de Gaza parecen conmovernos. Desde luego no a los líderes mundiales, la mayoría de ellos callados no vayan a ofender al gobierno israelí. Pero lo que ocurre en Gaza es una vergüenza para todos, y no hay justificación posible para esos ya más de quinientos muertos, 18 de ellos israelíes y el resto palestinos, la  gran mayoría civiles.Todos son víctimas. No hay que buscarles diferencias. Pero si que las hay a la hora de buscar responsables- Netanyahu y sus halcones, Hamás y sus dirigentes sin escrúpulos, Obama, Irán, y el silencio cómplice de los dirigentes mundiales. Un silencio que no puede ni debe insensibilizarnos ante las matanzas, aunque podamos hacer poco más que denunciarlas. Pero que no se nos olvide al menos eso.
Salud

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lunes, febrero 08, 2010

VIENTO DEL ESTE

A pesar de todas las críticas, manipulaciones, apoyos financieros exteriores y advertencias de caos para el país, el candidato opositor, Victor Yanúkovych, ha logrado la victoria en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Ucrania. Asistiremos todavía a unas cuantas escenitas más de esa mala perdedora, Julia Timoshenko (con ese apellido, qué se podía esperar) especialista en enredar, preferida de algunos gobiernos de Occidente, movilizadora de popes y curas varios y enmarañada en esa bandera que tanto ondeó de ella o el caos. Bueno, pues ni hay caos, ni es la triunfadora. Si acaso es responsable en buena parte de la quiebra de aquella esperanza que se llamó Revolución Naranja y que murió, no de éxito, por las quimeras internas y los intereses egoistas de Timoshenko y el presidente saliente Yúshenko, ambos bien mimados y nutridos por las cancillerías más significativas de Occidente. Pero son las cosas de la democracia, que a veces la pasta no basta y que los ciudadanos tienen memoria.
Ha ganado Yanúkovych, tildado por los medios occidentales de demasiado prorruso y paladín de una reorientación de la política ucraniana hacia Moscú. Buenos, nos guste o no de eso iba esta guerra electoral. En el largo pulso Moscú-Occidente parece que esta vez ha ganado el

denostado Vládimir Putin, agazapado ahora como primer ministro y futurible presidente, de nuevo, de Rusia. Y es que por mucho que algunos se empeñen Ucrania, creación artificial donde las haya dentro de aquello que se llamó Unión Soviética, es, o al menos gran parte de su territorio, purita Rusia. No sólo su granero, sino su alma como queda reflejado en la literatura rusa. Intentar separarla de la Rusia moscovita era algo contranatura y su pretendida integración en la Unión Europea o la Otan una quimera. El mapa de los resultados electorales muestra, en todo caso, una división preocupante. Con una mitad del país, la parte oriental y sur, dedicidamente prorrusa y una parte occidental y norteña que quiere huir a toda costa de la órbita de Moscú. Curiosamente esta segunda zona comprende territorios que historicamente nunca fueron rusos, sino polacos, de ahí ese desapego de Moscú. La de Yanúkovych no es una victoria definitiva, solo una batalla ganada, porque lo que queda patente son las barbaridades cometidas el siglo pasado cuando se cambiaron las fronteras, se arrebataron y ocuparon territorios y luego se crearon patrias que no son tales. Ni entonces fue una solución acertada, ni de cara al futuro parece que lo sea. Pero, a estas alturas, ¿quién es el majo que se pone a reconducir las cosas?.
Salud

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miércoles, enero 07, 2009

EL PULSO DE PUTIN

Ya lo había ensayado hace un par de años y ahora, con la experiencia de entonces, el señor Putin vuelve a jugársela a Europa y de paso le aprieta los tornillos a la "traidora" Ucrania en un gesto que va de aviso a navegantes para el resto de las repúblicas díscolas de la antigua URSS. Putin ha cerrado el grifo del gas y deja tiritando a media Unión Europea, de momento de miedo, ya que las reservas todavía permitirán tirar de calefacción unas semanas más.
Se veía venir, porque la Rusia que lleva años articulando el ex-agente del KGB se basa precisamente en recuperar protagonismo en el escenario internacional a base de hacerse imprescindible. ¿Y que mejor vía para ello que controlar los recursos energéticos, cuantos más mejor, que llegan a la Unión?. Sirviéndose de ese gigante, teóricamente privado que se llama Gazprom, Rusia no sólo controla casi todo el gas que llega a Europa desde el Este sino que, tras los acuerdos firmados con Argelia y Líbia, poco a poco controlará el resto, el que llega desde el sur. Así, que se ponen tontos en Occidente, cierre del grifo. Que se ponen contestones los vecinos, cierre del grifo...
La Unión Europea se ha convertido en rehén, de momento con el gas y ya veremos en el futuro si también con el petróleo, de un Kremlin envalentonado que, a falta de reconocimiento de superpotencia, opta por el arma del chantaje para hacer valer sus intereses e influir más allá de lo que por vía normal podría
.Flaco favor hacen los ucranianos, morosos por naturaleza, que se niegan a pagar el gas a precios internacionales, creyéndose, para lo que les interesa, hermanos de los rusos. Cobran ya un alto precio por el paso por su territorio del gas ruso, a pesar de que las infraestructuras no son enteramente suyas, y cuando les cortan, por impago, el gas, se quedan tan ricamente con el que se envía a la Unión.
Estamos pues expuestos a las maniobras de unos filibusteros en las que llevamos todas las de pagar los platos rotos. Que no quepa la menor duda de que al final, pra reanudar el suministro, será la Unión la que tenga que pagar un precio desorbitado, para que esos chorizos sigan tomándonos el pelo indefinidamente.
En épocas como estas, donde la energía es escasa y está controlada por unos pocos, los que no tenemos deberíamos agudizar el ingenio para buscar alternativas energéticas que reduzcan al mínimo la dependencia. Ya veríamos como se les bajan los humos. Pero parece que la crísis económica apunta otros modos de actuar y volvemos a caer en la trampa de la energía barata, la bajada del petróleo, aplazando la investigación y la apuesta por las alternativas para un futuro cada vez más incierto.
Mientras tanto Vladímir Putin sigue frotándose las manos, porque lo que deja de facturar por el gas que no sirve lo recupera con la subida del barril del petróleo, un catorce por ciento en los últimos días,. debido precisamente al corte del gas.

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