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martes, abril 23, 2013

¿PARAÍSO ALEMÁN?, NI DE COÑA.- ENTREGA 3

Y estamos en el día del Libro. 23 de Abril. Aquí, no sé. La verdad es que no tengo ni idea si se suman a esa fecha internacional declarada por la Unesco. En todo caso se hace con un perfil más bajo que los shows que se montan en España y, en especial, en Cataluña. Así que hoy me voy a contener y no voy a ser crítico. Por el contrario, voy a alabar alguna de las iniciativas que gastan por estos lares y que no nos vendría mal copiar, que de eso sabemos mucho. Los alemanes, como en casi todo, leen más que los españoles. Pero tampoco tienen cifras para celebrarlo. Están que no llegan al cincuenta por ciento de la población, según datos europeos, cifra que en todo caso no podemos por menos que envidiar, ya que los españoles no llegamos al cuarenta por ciento, diga lo que diga el gremio de editores. Aquí se editan muchos menos libros que en España, lejos de los ochenta mil títulos que publicamos en España, que a grandones no nos gana nadie. Pero sí hay algo que se aprecia a simple vista y es que los lectores son visible. Es decir, que en cualquier lugar es fácil ver a gente leyendo, y de cualquier edad, cosa que en España es cada vez más raro.
Se ve gente en el metro o el autobús, en los trenes, en los parques, en cualquier terraza. Y da gusto. Y llama también la atención la variedad y cantidad de títulos de prensa, diaria  o semanal que se pueden encontrar en los quioscos y librerías. Y estas abunda, y bien surtidas que están.
Pero sobre lo que quería llamar la atención es sobre una iniciativa en la que me fijé el pasado fin de semana en Düsseldorf: en el paseo del río, muy cerca de los bares y terrazas, hay una pequeña caseta, todo cristal, donde se depositan libros para que cualquiera se los pueda llevar. Gratis. Unos los dejan, otros se los llevan. Y aquí en Colonia, en un parque, y al lado de lo que parece un pequeño quiosco-biblioteca, que estaba cerrado, aparecía esta cesta con libros (la de la foto) que supongo serían de libre disposición.
En fin, muchas veces no sabemos que hacer con todos esos libros que vamos comprando, que seguramente no volveremos a abrir tras su lectura, y que solo se quedan en nuestras estanterías para acumular más y más polvo (por mucho que lo intentemos quitar). A lo mejor habría que habilitar espacios públicos para dejar esos libros y que otros puedan acceder a ellos. No olvidemos que es un toma y daca que al final nos enriquece a todos.
Salud y feliz día del libro.

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viernes, abril 19, 2013

¿PARAÍSO ALEMÁN?, NI DE COÑA.- Entrega 2

 Henos aquí de nuevo. Animadillos porque la primavera ha llegado arrasando y en plan generoso. Vamos que hemos pasado de un dígito a superar los veinte grados, así sin preparación. Pero es una gozada. Lo que antes estaba yermo ha florecido y los árboles y el verde, con los pajaritos cantando, cambian la faz de cualquiera. Éa, que me aparto de lo que aquí me trae.
Sonríen estos días más los aborígenes. Se les ve otra cara y enseguida se ponen de verano como si ya hubiera llegado. Los parques se llenan de gente tomando el sol, de niños jugando, de bicicletas (estas empiezan a ser un coñazo, son las reinas de la ciudad y apártate por la cuenta que te tiene) y hay como una alegría contagiosa (¡lo que hacen tantos meses de frío!). Así que aquí andamos, pateando la ciudad y fijándome en cosas que hasta ahora me pasaban casi desapercibidas. Quizá porque estaba acostumbrado a verlas como algo habitual en Madrid y no me chocaron . Pero sí, aquí también hay gente tirada. Mucha. En el paraíso no todo es de color rosa. Hay gente pidiendo a la puerta de los supermercados, gente, mayor y muy joven, que te aborda por la calle, o gente que se sienta con carteles pidiendo ayuda en cualquier parte. Y no sólo hay rumanos o gente de la depauperada Europa oriental, también muchos alemanes y, repito, de todas las edades. Y de pronto me sorprendo porque se supone que este es un país con una buenísima cobertura social, y con una tasa de empleo altísima, vamos que el paro, oficialmente, apenas pasa del cinco por ciento.
Pero, como siempre, una cosa son las estadísticas y otra la realidad cotidiana. Y aquí también hay miseria y mucha gente que vive al día, con sueldos  raquíticos, con los que apenas cubren  las necesidades básicas. Y es que, no hay que olvidarlo, el nivel de vida es caro, y como estés por debajo del umbral medio no está la cosa para alegrías. Trabajo hay. Solo hay que abrir cualquier periódico y te encuentras con páginas y páginas de ofertas de trabajo, algo que en España apenas recordamos. Pero otra cosa es la calidad de la oferta, es decir de los empleos ofrecidos. 
Con las estadísticas oficiales en la mano resulta que en este país trabajan más de cuarenta millones de personas, algo más de la mitad de la población. Muchísimos con buenos empleos, buena cobertura social y unos salarios que les permiten un buen nivel de vida. Pero hay una parte significativa del pastel que no es tan bueno. Hay nada menos que siete millones de los famosos minijobs, es decir empleos por horas o días, pagados francamente mal y que o bien sirven para completar pensiones u otras rentas, o bien para contribuir con algo a la renta familiar. No suelen pasar de los quinientos euros, y de ahí para abajo, no cotizan a la Seguridad Social y tampoco pagan impuestos. Así que no le acabo de ver las ventajas a semejante modalidad, más allá de aliviar la situación de muchos para ir tirando y cubrir el mínimo.


Por eso, españolitos que estáis pensando en veniros a estas tierras a buscar lo que no hay en España, que nadie se llame a engaño. Hay trabajo. Supongo que algunas ofertas son buenas o muy buenas, sobre todo si tienes formación alta, y hablas alemán o al menos inglés casi como un nativo. Pero bajando de ahí las oportunidades son mínimas y el puesto al que se puede acceder va bajando de nivel de manera proporcional a tu desconocimiento del alemán. Es cierto que hay buenas escuelas municipales para hacer cursos de inmersión y que los cursos pueden tener precios razonables e incluso muy baratos si se trata de modalidades de integración, pero mientras tanto hay que sobrevivir y la cosa no resulta fácil.
Como decía hay mucha oferta de trabajo. Cuando bajas al detalle, la mayoría son de unas pocas horas y de pocos días a la semana. Los que abundan son anuncios como este de la multinacional KFC, de escasa exigencia y acessibles sin un conocimiento suficiente del alemán. Pero hay que hacer bien las cuentas. Porque la hora se suele pagar entre ocho y diez euros, los alquileres son caros y el coste de la vida en general también. Así que no es tanto saber si compensa o no trasladarse aquí para buscar futurosino preguntarse si para esa primera etapa se pueden conseguir recursos suficientes para sobrevivir.
Y hablando de estadísticas, con esos datos que tanto le gustan a nuestra entrañable Angela, además de los minijobs hay más de un millón de personas que se ven obligados a trabajar como autónomos sin serlo exactamente: es decir, les contratan pero tienen que hacerse cargo de todos los gastos: seguridad social e impuestos. Así que aquí los que realmente están encantados son los empresarios, que por cierto, en los últimos diez años han aumentado sus beneficios una media del cincuenta por ciento mientras los salarios medios han perdido más del uno y medio por ciento de poder adquisitivo. Es la revolución Merkel. ¿De verdad la vamos a comprar?
Salud

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jueves, abril 11, 2013

¿PARAÍSO ALEMÁN? NI DE COÑA-Entrega 1

 ¡Qué bonita es Alemania!. De verdad. No es broma. En general es bonita, agradable,  con muchas muchas cosas bien hechas. Eso sí el clima no acompaña mucho, pero hay otros factores que compensan. Así que no les falta razón a los que desde hace un tiempo, algunos años ya, no dejan de cantarnos las maravillas de este país, con el que deberíamos compararnos si es que alguna vez salimos del fango y queremos prosperar. Bueno, es su opinión. Yo he querido comprobarlo sobre el terreno y por estas tierras teutonas llevo desde hace casi mes y medio. Tengo la suerte de que no he venido, como muchos otros, a buscarme la vida dado que en España nos ponen cada día las cosas más difíciles e invitamos a irse a nuestros jóvenes, sobre todo hacia la bendita Alemania. No. Estoy aquí por razones distintas, una estancia relajada que me permite conocer algo más este país a base de patearme sus calles.

Recalo en Colonia que es, dicen, una de las ciudades más amables, cálidas y acogedoras de Alemania. No era cosa de irse a algún bastión del puritanismo evangelista. La ciudad es muy agradable, sorprende su reconstrucción, como casi todas en este país tras la pesadilla de la II GM, hecha pensando en la gente, con la mayoría de los edificios que no pasan de las cuatro alturas, muchísimas calles peatonales o pseudopeatonales,  poco tráfico y un silencio en pleno centro que apabulla. Tiene además la ventaja de asentarse al lado de ese viejo RIN, dicen que la vía fluvial más transitada de Europa, que te puede comunicar con los países vecinos: Suiza, Holanda, Bélgica o Francia.
Está bien la ciudad y la gente, en general, puede ser muy cercana. No conozco todavía sus carnavales pero dicen que son de escándalo o sus fiestas veraniegas o sus mercadillos navideños que tienen nombre propio.
Pero no pretendo con estas entregas ni dedicarme al relato turístico ni convertirme en propagandista de sus logros, sobre todos los macroeconómicos, que de eso ya se encargan Merkel y sus voceros. Yo voy a estar más en plan mosca cojonera. Buscando esos hilillos que al final destapan que el paraíso no es tal y que aqui, como en todas partes, no atan los perros con longanizas.
Cuestionar la prosperidad germana sería una temeridad por mi parte, y no voy a hacerlo, pero que nadie  de los miles de jóvenes españoles que están pensando en venir, o puedan planteárselo de aquí a poco, crea que aquí las fuentes son de oro y sus grifos manan vino en lugar de agua. Hay de todo como en todas partes, y para desmitificar aquí estoy. Y en este mes y medio tengo material para dar y tomar. Algunos me tomarán por quisquilloso o exagerado. Lo primero puede, lo segundo para nada. Y es verdad que cuando en tu país no tienes ninguna oportunidad puede parecer ingrato quejarse del que te acoge, pero como no es mi caso pues...a ello.
Ya digo que la primera impresión es buena. Faltaría más. Pero cuando bajas al detalle descubres, con asombro, que hay muchas cosas que funcionan igual o peor que en las Españas y se te van cayendo algunos mitos.
Hoy no haré sangre. Estoy en una ciudad muy acogedora, multinacional, con mucha vida y a punto de reventar la primavera, esperando que demuestre su fama de buen vivir  de la que goza en el país. Pero cayéndome como me cae simpática, hay algo que me llama la atención, por no decir que me disgusta,y que parece norma general. Y es la manía de sus gentes de comer cualquier cosa, a todas horas, y en cualquier parte.. Es un fenómeno que enseguida llama la atención y a ratos da hasta repelús.
Comen bollitos, bocadillos de contenido espectacular  y sabores que ¡hay que probarlos!, bandejas de patatas fritas y mucho mucho cafe, en plan aguachirri y en vaso de plástico.. Y no es que falten ofertas para comer, incluso con menús más baratos que en España ( eso sí casi todos basados en salchicas con distinta denominación y chucrut con puré o parecido) pero parece que les pone eso de comer en la calle. Apoyados en cualquier sitio. Solos o acompañados. A mediodía es espectacular la cantidad de gente que para para comer en la calle. Qué tristeza. Me deprime. Además les da igual lo que caiga, nieve o lluvia, con solanera no sé. Te los encuentras en cualquier lugar, incluidos buses o metro y hay ratos que es imposible escapar al tufo de esas cremas que ponen a las patatas o los bocadillos. Que no acabo yo de ver que se ahorran estas criaturas por malcomer así, pudiendo hacerlo sentados. Y de comidas ya hablaré en otra ocasión, porque merecen capítulo aparte, porque para estos lo de la dieta mediterranea les suena como mínimo a chino, o a sur que debe ser lo mismo. Tschüss

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lunes, mayo 14, 2012

EL PELIGRO ALEMÁN


Ayer, charlando con un amigo en la Puerta del Sol, rodeados de indignados, muchos, digan lo que digan, le dimos una vuelta a eso de la crisis económica y lo negro que parece todo. Me comentaba que había leído recientemente varios artículos que planteaban la urgencia de plantar cara a lo que llamaban el nuevo intento de dominación de Europa por parte de Alemania. No se trata de un dominio militar, sino algo mucho más sofisticado y sibilino, la dominación mediante el control económico. Me parece un poco disparatado y muy cogido por los pelos, pero es cierto que hay señales preocupantes de que tras las imposiciones de Berlín al resto de la Unión, ya se sabe eso de ajustes y más ajustes, hay una estrategia que pasa por doblegar a los díscolos y, sobre todo, salvaguardar el buen nivel de vida de los alemanes. Ese dominio pretendería por tanto asegurar la prosperidad de Alemania a costa de los demás socios, con la excusa de una disciplina que a ellos les ha dado resultado. Y ya se sabe, cuando uno es rico y controla los resortes económicos poco o nada pueden decir los demás. La Unión se convertiría así en un núcleo, Alemania, con un montón de satélites alrededor que solo podrían rebajar su nivel de vida y comprar mucho alemán que para eso tienen los cuartos.
No sé si en la cancillería existen esos planes, pero sin duda están abocados al fracaso como sus dos guerras anteriores. La estrella de Merkel parece flaquear, véanse los resultados de las elecciones ayer en Renania del Norte Westfalia, ya veremos si sigue el próximo año gobernando Alemania, y en la Unión empieza a haber todo un movimiento de resistencia a una política de ajustes que no solo no da resultados positivos, sino que empobrece cada día más al resto de los países, sobre todo los del sufrido sur. Hay mucha confianza en el francés Hollande, en que pueda generar alternativas a las recetas de Merkel, y probablemente de ese debate salgan soluciones distintas que devuelven a primer plano una política real de Unión Europea, ahora tan denostada, que salvaguarde los valores de desarrollo y solidaridad con los que creció durante tantos años.
Asi que, por el bien de todos, esperemos que triunfe la cordura y que no sea necesario tomar de nuevo Berlín.

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martes, abril 27, 2010

EUROPEOS DE BOQUILLA

Circulan por ahí los resultados de una amplia encuesta realizada en catorce países del Viejo Continente, doce de ellos de la Unión Europea, que muestran un dato preocupante. No llega a un sesenta por ciento el porcentaje de europeos que se sienten orgullosos de serlo y la mayoría antepone su nacionalidad de origen o incluso su ciudad, pueblo o comarca de región a la ciudadanía europea. La mayoría además se siente ajena al proceso de construcción europea, vamos que no se nos deja participar y decidir como se debiera, que se están haciendo desde arriba y, parece ser, para los de arriba.
La buena noticia es que hay un conjunto de valores, relacionados con las libertades, la democracia, derechos básicos de salud y educación, que suponen el auténtico nexo de unión entre los europeos. La mala que, al paso que vamos, y con los ejemplos que nos dan todos los días, lo de la unión política es una quimera, un imposible.
Y es que es lamentable el espectáculo que se está dando a la hora de salir al rescate de uno de los socios, Grecia, en momentos muy duros para su economía. Esos momentos que debían demostrar la necesidad de más Europa, son en realidad muestra de los egoísmos nacionales y en especial en el caso de los grandes países como Alemania. Está claro que en las duras cada uno va a lo suyo, y eso, lógicamente, lo único que produce es desapego.

Pero además el avance hacia la Unión queda cada vez más lejos, porque en el seno de la actual UE se dan cada día más ejemplos de las distorsiones que provocan ciertos nacionalismos. El caso más flagrante lo ofrece estos días la moribunda Bélgica, en el corazón mismo de Europa y país que acoge la capital europea. Bélgica, más que nunca, está a un paso de la desintegración, empeñados como están valones y flamencos en demostrar que no pueden vivir juntos, que son incapaces de encontrar puntos en común que permitan la continuidad del país y la convivencia no sólo pacífica sino cooperadora entre las dos comunidades. Asistimos pues al previsible fin de un país, y por tanto un nuevo revés para la Unión Europea que habrá que ver como maneja esa posibilidad, y si finalmente la acepta si actuará como acicate para que otras regiones, nacionalidades o como se quieran llamar que existen en otros estados europeos quieren seguir el ejemplo.
Europa se construye desde arriba, para los de arriba, y cada vez más de espaldas a los ciudadanos. Así que, por esa vía, será difícil mantener el espíritu europeista y sobre todo la conciencia y el orgullo de los ciudadanos de pertenecer a un espacio de libertad que está siendo mangoneado por unos pocos. Una pena.
Salud











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